Ella es Maribelle Vargas, la bióloga de UCR – Marine, cuyo talento contribuye de manera significativa a la NASA.

En la ciudad de San José, el 2 de abril, la historia de Maribelle Vargas Montero nos recuerda que todo comienza con un sueño. Lo que empezó como un deseo de explorar el océano la llevó a convertirse en una reconocida bióloga marina e investigadora en el Centro de investigación en estructuras microscópicas (Ciicemic) de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Hoy en día, Maribelle también es reconocida como una de las mujeres científicas más prominentes en Costa Rica que han colaborado con la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio (NASA), un logro que nunca imaginó alcanzar.
Su pasión comenzó a una edad temprana. En 1978, Maribelle, una niña de apenas diez años, se sentó en la sala de su hogar a ver «The Blue Planet», un popular programa que ofrecía una serie de documentales sobre el océano, narrados por el icónico explorador Jacques Cousteau. Las impactantes imágenes que vio aquel día la marcarían de por vida.
Fascinada por la vida marina, desde la colorida diversidad de los peces hasta los vibrantes corales, Maribelle soñó con ser parte del mundo que tanto la maravillaba. Cuarenta y seis años después, en 2025, se unió a reconocidos científicos de la NASA en una expedición sin precedentes en Costa Rica para investigar las mareas rojas.
“Siento un enorme orgullo, ya que soy producto de la educación pública en Costa Rica. Asistí a la escuela Jesús Jiménez Zamora, luego continué en el Colegio de San Luis Gonzaga y finalicé mis estudios en Biología Marina en la Universidad Nacional (UN). Sin la beca que recibí, nunca habría llegado a donde estoy hoy”, comenta Maribelle, subrayando la importancia del apoyo educativo en su trayectoria.
A través de la educación pública costarricense, la niña que se enamoró del océano se convirtió en una científica que ha hecho valiosas contribuciones a la biología marina. Su trabajo ha llevado a múltiples hallazgos, entre ellos el descubrimiento de un género de microalgas denominado Disco de Gambier (DiNophyceae) en el Parque Nacional Isla del Coco.
En un estudio realizado en 2012, Maribelle fue pionera al reportar cómo este género de microalgas está relacionado con la producción de toxinas que pueden afectar a los peces y que, en caso de ser consumidas por los seres humanos, pueden ocasionar envenenamientos severos. No obstante, su labor no se detiene aquí.
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Maribelle se encuentra entre los pocos científicos en Costa Rica que se especializan en el estudio del fitoplancton marino, crucial para evaluar la salud de los ecosistemas marinos. Además, ella es la única bióloga marina de la UCR que ha logrado obtener certificación internacional para identificar microalgas tóxicas y contribuir a salvar vidas.
“No todo ha sido sencillo. Recuerdo que recientemente una empresa me dijo que no podía alquilarme porque soy mujer. Eso fue un golpe muy duro y me hizo dudar de mis capacidades. Sin embargo, al integrar el equipo de científicos de la NASA y colaborar con la Federación de Pesca de Costa Rica (FECOP) y la ONU, sentí que todos los esfuerzos valían la pena”, expresa Maribelle, reflejando su resiliencia.
La misión científica de la NASA, que tuvo lugar entre el 17 y el 21 de febrero de 2025, fue histórica. Maribelle formó parte de un equipo prestigioso que incluyó investigadores de la NASA, FECOP y la Universidad Nacional, trabajando en el mar para realizar mediciones ópticas con el objetivo de detectar mareas rojas y validar datos satelitales.
La investigación se apoyó en el satélite lanzado por la NASA en 2024, denominado Plancton, aerosol, nube, ecosistema oceánico, que permite observar el color del océano usando tecnología hiperespectral. Este avance facilita la investigación sobre cómo la luz solar interactúa con el agua y ayuda a identificar cambios en la composición de las microalgas, incluidas las que provocan mareas rojas.
La finalidad de esta innovadora tecnología es detectar estos fenómenos casi en tiempo real, lo que contribuirá a mitigar sus efectos en sectores como el turismo, la pesca, la acuicultura y la salud pública.
Las mareas rojas son proliferaciones de microalgas que pueden ser tóxicas y que afectan la vida marina, así como la salud humana y el ecosistema. Pueden causar la contaminación de mariscos y generar zonas muertas en el océano debido a la falta de oxígeno. Aunque no todas las mareas rojas son peligrosas, es vital monitorearlas para reducir los riesgos asociados”, concluye Maribelle.